gallardo-del-rey-recording-bw-smallLos concertistas somos, de alguna manera, atletas de élite. Por lo que la forma física es fundamental para sobrellevar años y años de posiciones estáticas, incluyendo las horas que pasamos viajando. y/o resentirse de lumbalgias, contracturas, tendinitis, etc., enemigos íntimos de esta carrera.

Por otro lado y también en la línea de los deportistas de élite, es igualmente básico el coach psico-emocional. No es lo que te pasa, es cómo vives lo que te pasa. El miedo escénico, por ejemplo, es un bloqueo producido por tu falta de herramientas para gestionar tu relación con el público. Te sientes observado y lo más lesivo, juzgado y en el centro de una diana donde van a parar los dardos de tu propio pánico. El miedo es algo que tu mente genera pero es completamente irreal. Es, por definirlo de alguna forma, el interés de una deuda que no existe. Has de recurrir a la seguridad y a la convicción que te da el estudio consciente cuando preparas un programa de concierto-examen-prueba. Hay métodos de control mental, como el Método Silva que te ayudarán a crear tu propia realidad y a saber prescindir de todo ese lastre que tu mente va acumulando a través de los años. La mente es algo muy poderoso en el mejor y en el peor de los sentidos. Déjame que te comparta esta parábola:
Imagina un carruaje llevado por caballos, en el que el cochero es tu mente, el carruaje tu cuerpo, los caballos tus emociones y tú eres el viajero que comunicas al cochero tu objetivo. Para viajar bien, los tres son necesarios y si los tres están equilibrados, vamos bien; sin embargo, para conocer la meta del viaje necesitamos al viajero, sólo él sabe adónde vamos, sólo él sabe el objetivo del viaje… Él es quien da sentido a este viaje.
La mente, como cochero, fustiga tus emociones con lo que ambas entran en litigio y se bloquean.

Cuando esto ocurre, demasiado a menudo, por desgracia, se cierra la puerta de tu yo verdadero, ese que no juzga, que no te atormenta y que se nutre de tu paz interior. Mírate siempre desde la perspectiva del pasajero, analizando tu problema desde afuera, siendo el observador. Esto te pondrá en conexión con tu naturaleza de artista y no te condicionará a tomar decisiones erróneas.

Sobre el juzgarte y condenarte por algo que te atormenta, piensa en el código de derecho romano en el que a este respecto dice que “no se puede ser juez y parte”. Y tu eres parte.

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